El malestar de los transportistas en la estación de servicio Uruguay se ha convertido en un grito desesperado que resume la crisis de abastecimiento de combustible en la ciudad. Entre gritos de “¡Queremos gasolina!”, los choferes relatan noches interminables de espera, durmiendo en sus vehículos bajo temperaturas gélidas, sin poder trabajar ni sostener a sus familias.
Un conductor expresó con indignación: “Ya estamos una semana aquí en las calles, durmiendo en nuestros vehículos con este frío, de hambre, gastando el dinero que teníamos para cargar gasolina. Mientras al surtidor de al frente llegaron tres cisternas en dos días, aquí apenas una y se acabó a las 9:30 de la mañana”.
La molestia se agudiza por la percepción de privilegios hacia instituciones oficiales. “Las patrullas giran normal porque les han dado 20,000 litros en el cuartel Ingavi. ¿Y qué hay de nosotros, los transportistas públicos? Estamos siete días aquí, durmiendo en las movilidades, pasando frío. El presidente no siente este frío, pero nosotros sí lo sufrimos”, reclamó otro chofer, denunciando que las cisternas anunciadas por el gobierno nunca llegan a las estaciones estatales.
La desesperación se refleja también en los costos diarios: un café alcanza los 10 bolivianos y la comida supera los 25 o 30 bolivianos, cifras insostenibles para quienes viven del ingreso diario. “Estamos pagando y pagando, no estamos lucrando nada y nos estamos enfermando. Lo único que pedimos es que manden gasolina. Nada más”, señaló un tercer conductor, mientras mostraba a personas de la tercera edad y familias enteras aguardando con bidones desde la madrugada.
Los choferes denuncian que mientras las estaciones privadas reciben cisternas con regularidad, los surtidores estatales como Uruguay, San Pedro y Entre Ríos apenas logran abastecer a una fracción de los cientos de vehículos en fila. La confianza en la calidad del carburante estatal los mantiene allí, pese a la incertidumbre y el desgaste físico y económico.
La indignación colectiva se resume en una advertencia: “Si hasta mediodía no llega la cisterna, vamos a reunirnos todos y llegar a un acuerdo para hacer respetar nuestra palabra”.
El panorama en el surtidor Uruguay refleja un escenario de abandono y desigualdad; transportistas que sobreviven entre frío, hambre y promesas incumplidas, mientras las instituciones oficiales reciben combustible sin restricciones. La crisis, lejos de resolverse, profundiza la fractura entre la población y las autoridades.

