En un giro inesperado, la Central Obrera Boliviana (COB) anunció el levantamiento de todas las medidas de presión a nivel nacional tras firmar un acuerdo con el Ejecutivo en la Casa Grande del Pueblo.
El secretario ejecutivo, Mario Argollo, defendió la decisión de abrir un proceso de diálogo y justificó la pausa en las movilizaciones como un paso necesario para evitar una confrontación entre bolivianos. “Se ha decidido hacer un acercamiento en primera instancia con el Gobierno porque hemos visto la necesidad de pacificar nuestro país. No nos podíamos permitir enfrentarnos entre bolivianos”, declaró Argollo, al reconocer que la protesta comenzaba a contaminarse con intereses políticos.
El dirigente admitió que hubo “errores del Gobierno” que motivaron las protestas, pero subrayó que los líderes también tienen la responsabilidad de promover la paz. “No queremos que esto llegue a un estado de excepción. No queremos más sufrimiento en el país”, afirmó.
Las críticas no tardaron en llegar. Argollo respondió a las voces que lo acusan de traición, especialmente desde las 20 provincias movilizadas: “Tal vez muchos me están diciendo que soy un traidor. No lo soy, compañeros, pero también hay que saber en su momento parar y cuidar a nuestras bases”.
La COB levantó las medidas de presión con el compromiso gubernamental de cumplir los acuerdos en un plazo de 90 días. “Ahora la pelota está en lado del Gobierno”, advirtió Argollo, al señalar que si se concretan los cambios “el pueblo lo va a aplaudir”, pero si no se cumplen, “el pueblo lo juzgará”.
El dirigente pidió disculpas a la ciudadanía afectada por los bloqueos y aseguró que la protesta permitió avances en la defensa de los recursos naturales, la consulta de leyes y decretos al pueblo y la protección de la Constitución. “Hoy estamos dando este primer inicio de pacificación porque creemos que el país se lo merece”, concluyó.

