Las recientes declaraciones de José Luis Gálvez, vocero presidencial, buscan despejar las dudas sobre la situación del abastecimiento de combustible en el país. Ante las versiones que atribuyen la escasez a la falta de divisas y recursos, Gálvez fue enfático: “No, no es esa la causa. En realidad ya lo hemos hablado bastante: hay un proceso de normalización en la provisión y eso está sucediendo, cada vez está mejor”. Reconoció, sin embargo, que los 50 días de bloqueos dañaron profundamente la cadena de suministro y que todavía se trabaja en su corrección.
El vocero también puso sobre la mesa un factor que, según el Gobierno, agrava la situación: el contrabando. Explicó que la diferencia entre el precio internacional y el precio interno sostenido por el Estado genera incentivos para la salida ilegal de carburantes. “En la medida en que esa diferencia se esté dando, no por factores internos sino por factores externos, va a seguir habiendo contrabando y eso es algo que hay que terminar de corregir”, afirmó. Aun así, aseguró que la provisión se normaliza progresivamente y que en los próximos días debería alcanzarse una “total normalidad”.
Respecto a la participación de privados en la importación de combustibles, Gálvez aclaró que su rol es complementario y limitado. Señaló que si bien ayudan a abastecer un segmento del mercado, los controles de calidad retrasan la logística tanto para Yacimientos como para los privados. “Eso es normal”, concluyó, restando dramatismo a las críticas sobre la demora en la llegada de carburantes.
El contexto coyuntural revela un escenario complejo: tras semanas de bloqueos que paralizaron la economía, el país enfrenta tensiones por la disponibilidad de divisas, presiones inflacionarias y un mercado negro que se fortalece con la brecha de precios. La narrativa oficial insiste en que no existe una crisis estructural, sino efectos temporales que se corrigen. Sin embargo, la persistencia del contrabando y la dependencia de importaciones privadas reflejan un desafío mayor: sostener la estabilidad energética en medio de un entorno regional e internacional adverso.
El vocero busca transmitir calma, pero también abre un debate sobre la capacidad del Estado para controlar el contrabando y garantizar el suministro. En un país donde el combustible es vital para el transporte, la producción y la vida cotidiana, la promesa de “normalidad” se convierte en un compromiso que será medido día a día por la ciudadanía.

