La crisis de combustible que atraviesa Bolivia ha puesto en tensión al sector del transporte. Los choferes, afectados directamente por la escasez de gasolina y diésel, se movilizan y demandan al Gobierno una solución inmediata, advirtiendo que la falta de carburantes paraliza su trabajo y golpea la economía de miles de familias.
En un testimonio recogido por nuestro medio de comunicación, uno de los transportistas expresó con frustración: “Dicen que ya va a haber y nunca llega. Estamos esperando día y noche”. Otro conductor añadió: “¿Qué de nuestros hijos? ¿Acaso no comen? Queremos trabajar, queremos llevar un pan del día a nuestras casas”.
La protesta se intensifica porque, mientras algunos vehículos a gas natural continúan operando, los que dependen de diésel y gasolina permanecen varados. Esta desigualdad ha generado molestia y hasta burlas entre sectores, según relataron los choferes.
La indignación se tradujo en un grito colectivo: “¡Que renuncie! ¡Eso queremos!”, reflejando el cansancio frente a lo que califican como incapacidad gubernamental para resolver el abastecimiento de combustible.
Filas interminables en surtidores
En varias ciudades del país, los transportistas duermen dentro de sus vehículos para no perder lugar en la espera.
Impacto económico
La escasez encarece productos básicos y afecta directamente a comerciantes y familias que dependen del transporte diario.
El reclamo de renuncia del ministro de hidrocarburos refleja un descontento que trasciende lo sectorial y se convierte en un cuestionamiento a la gestión gubernamental. Los choferes insisten en que su pedido es claro y urgente: “Queremos diésel, queremos gasolina. Queremos trabajar”. El sector del transporte, vital para la economía nacional, se encuentra en un punto crítico que exige respuestas inmediatas para evitar un colapso mayor en la cadena de abastecimiento y movilidad del país

