El dirigente del transporte pesado de La Paz, Pedro Quispe, cuestionó públicamente a YPFB y a la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) por las fallas en la distribución y mezcla de combustibles que, según él, estarían dañando los motores de los vehículos bolivianos.
Quispe explicó que la gasolina y el diésel llegan al país con todas las certificaciones de calidad desde su origen. “Cuando sale, hay una certificación para embarcar a los buques. Al descargar en los puertos de Chile, Paraguay, Argentina o Perú, se hace un análisis en laboratorio y recién se autoriza la descarga a los depósitos”, señaló.
Posteriormente, el transporte boliviano traslada el combustible hacia las plantas de Sencata, Oruro, Potosí, Valverde, Villarreal y Cochabamba, hasta llegar a Palma Sola. Sin embargo, denunció que en ese proceso se realizan mezclas indebidas:
“Estos delincuentes hacen la mezcla de gasolina con alcohol, y eso está dañando los motores. Antes la gasolina botaba humo, ahora el alcohol genera carbón que se acumula en tuberías, inyectores y cilindros”, afirmó.
El dirigente advirtió que la proporción de alcohol en la mezcla debería ser de 10% a 15%, como se permite internacionalmente, pero que en Bolivia se estaría llegando a 30% o incluso 40%, lo que provoca fallas graves en los vehículos.
Además, cuestionó la práctica de cambiar el color de la gasolina como supuesto mecanismo para evitar el contrabando:
“Siempre discutí con la ANH sobre ese tema. Decían que era para frenar el contrabando, pero era mentira”, enfatizó.
En Bolivia, el gobierno ha impulsado programas de etanol adicionado para reducir la importación de combustibles fósiles, aunque sectores del transporte denuncian falta de transparencia en los porcentajes utilizados. Los transportistas señalan que el exceso de alcohol genera carbonización interna, afectando la vida útil de los motores y aumentando los costos de mantenimiento.

