La Universidad Indígena Boliviana Comunitaria Intercultural Productiva Aymara (UNIBOL) Túpak Katari se declaró este jueves en estado de emergencia ante la crítica situación económica que atraviesa, luego de que la primera asamblea de “irpiris” (dirigentes universitarios), la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz Túpac Katari y el flamante rector Roberto De La Cruz.
La Unibol cuenta con unidades académicas en Warisata, Taipi Playa, La Asunta y Cuyahuani del departamento de La Paz, donde cerca de mil estudiantes cursan las carreras de Ingeniería de Alimentos, Ingeniería Agronómica, Ingeniería Forestal, Ingeniería Textil y Medicina Veterinaria y Zootecnia, por lo cual se necesita para el cierre académico de esta gestión 6,5 millones de bolivianos.
El presupuesto para la gestión 2026, fue proyectada de Bs 11.165.938, de los cuales el Fondo de Desarrollo Indígena (FDI) solo desembolsó Bs 4.5 millones, dejando un saldo pendiente de Bs 6.5 millones que no fue canalizado por negligencia de la anterior administración, por lo que es urgente el desembolso de este monto económico.
“La situación es insostenible. Los estudiantes, que viven en régimen de internado, se ven obligados a aportar de sus propios bolsillos para costear su almuerzo y cena, mientras que el mantenimiento de maquinarias y módulos de producción se realiza «haciendo milagros» con contribuciones estudiantiles”, dijo el rector Roberto de De La Cruz.
De la Cruz, posesionado el pasado 17 de septiembre con el respaldo de las federaciones departamentales Única de Trabajadores Campesinos de La Paz “Túpaj Katari”, Confederación Nacional de Campesinos (CSUTCB) y de Bartolina Sisa, anunció auditorías a la gestión administrativa pasada y advirtió que recibió la universidad en «terapia intensiva».
«El principal desafío es refundar la institución para convertirla en el brazo académico de los aymaras», afirmó De la Cruz, quien adelantó que presentará en el breve plazo un proyecto de ley para elevar de categoría a la UNIBOL a universidad plena, equiparándola a la UPEA y la UMSA.
Con el pleno respaldo de los universitarios y el plantel docente, la nueva gestión de De la Cruz enfrenta el desafío de rescatar una institución que sobrevive con migajas mientras sus estudiantes pagan por comer.

