En la ciudad de la Paz, entre la Plaza San Francisco y el Mercado Lanza, se ha convertido en un escenario de resistencia y desesperación. Cientos de vehículos permanecen estacionados en interminables filas desde hace cinco días, mientras sus conductores duermen en las movilidades o a la intemperie, soportando las bajas temperaturas propias de la temporada. La crisis de combustible golpea con fuerza al sector del transporte y la indignación se traduce en un clamor creciente: la renuncia del presidente.
Testimonios de la resistencia
Un transportista de los Yungas relató: “Estamos aquí tres días y tres noches pernoctando, resfriándonos. No llega combustible. El gobierno no busca solución. Ya tiene que renunciar nomás”. La falta de carburante ha obligado a los choferes a permanecer en vigilia, durmiendo en sus vehículos y soportando el frío, mientras las promesas oficiales de abastecimiento nunca se cumplen.
Otro conductor, también afectado, expresó su frustración: “Venimos ya a la semana sin dar ni una vuelta. Los acuerdos son insulsos, no nos cumplen. La culpa es de Yacimientos. Por eso bloqueamos, para que nos hagan caso”.
Impacto económico y social
El perjuicio es doble para los choferes que no solo enfrentan la paralización de su trabajo, sino también las deudas bancarias y la obligación de sostener a sus familias. La mayoría adquirió sus minibuses a crédito y ahora se encuentra sin ingresos.
El transporte hacia los Yungas es uno de los más afectados. Para un viaje ida y vuelta hacia Sud Yungas, Chulumani o La Asunta, se requieren al menos 100 litros de combustible. Sin embargo, los tanques apenas alcanzan 65 litros y deben llevar reservas adicionales, pues en la región el carburante solo se consigue en el mercado negro a precios de 35 a 40 bolivianos por litro.
Desconfianza en el diálogo
Los transportistas aseguran que las reuniones convocadas por el gobierno con las confederaciones carecen de credibilidad. “En vano van a decir diálogo, diálogo. No sirve de nada. Lo único que sería es pedir la renuncia del gobierno”, sentenció uno de los choferes entrevistados.
Un paro indefinido en la sede de gobierno
El panorama en la Plaza mayor de San Francisco y Mercado Lanza refleja la magnitud del conflicto; bloqueos, filas interminables y un paro indefinido que paraliza la movilidad urbana. El ultimátum lanzado por los choferes de La Paz exige al gobierno cumplir con los compromisos asumidos en materia de economía, combustible y carreteras.
La crisis de abastecimiento, que ya supera los cinco días en la capital, se convierte en símbolo de un país atrapado entre la incertidumbre y la indignación. La voz de los transportistas resuena como eco de la población entera: “Queremos trabajar, queremos vivir, queremos combustible”.

