La crisis de abastecimiento de combustible se ha convertido en un drama cotidiano para los transportistas de la ciudad de La Paz. Desde el pasado sábado, decenas de choferes permanecen estacionados en largas filas frente a los surtidores Uruguay y El Volcán, sobre la avenida Montes en La Paz, sin recibir una sola gota de gasolina.
El panorama es desolador, ambulancias, minibuses y vehículos particulares permanecen varados, mientras sus dueños duermen en las movilidades, soportando el frío de la madrugada y la incertidumbre de no saber cuándo llegará el carburante.
Un conductor relató con evidente molestia, “estamos desde el día sábado en la noche haciendo fila, pero aún no recibimos combustible. Dormimos en los autos, temblando de frío. Este presidente incapaz no puede solucionar el problema del país”, expresó, reflejando el sentir de un sector que se siente abandonado.
Contradicciones y desinformación
Los choferes denuncian que las versiones oficiales son contradictorias, algunos funcionarios aseguran que los camiones cisterna cargan en Senkata pero no logran salir por los bloqueos; otros afirman que directamente no hay combustible disponible. La falta de información clara aumenta la desesperación de los transportistas y de la población que depende de ellos.
Impacto económico y social
La situación se agrava porque el conflicto social ya supera los 25 días, afectando la economía de quienes viven del trabajo diario. “Todo ha subido de precio, la canasta familiar está en las nubes. Nosotros no trabajamos, no generamos dinero y aun así debemos pagar al banco. La gente sufre y el presidente no da solución”, reclamó otro conductor que realiza transporte hacia los Yungas.
El desabastecimiento no solo paraliza el transporte público, sino también servicios esenciales como ambulancias y vehículos de emergencia, que permanecen atrapados en las filas. La población de a pie, que depende de la movilidad diaria, enfrenta mayores costos y dificultades para trasladarse.
Medidas insuficientes
El anuncio presidencial de reducir su salario en un 50% fue considerado tardío y poco efectivo. Para los choferes, la medida no responde a la urgencia de garantizar el abastecimiento de combustible. “Quizás a reacción de la gente recién quiere actuar, pero parece que es tarde. Hoy la mayoría ya pide su renuncia”, sentenció un transportista.
Clamor de renuncia
La demanda de renuncia presidencial se suma al malestar generalizado por la escasez de productos básicos y el incremento de precios. Los choferes advierten que, de no existir una solución inmediata, la presión social continuará creciendo y las movilizaciones podrían intensificarse.
El panorama en la avenida Montes refleja el cansancio y molestia de un sector que, entre filas interminables y noches de espera, exige respuestas concretas a una crisis que paraliza la vida cotidiana y la economía del país. La imagen de choferes durmiendo en sus vehículos, con rostros cansados y voces quebradas por la indignación, se convierte en símbolo de un conflicto que demanda soluciones urgentes.

