Iglesia convoca a vivir el amor de Dios

Plantea fortalecer la fe

El obispo de Coro Coro, Monseñor Percy Galván, planteó este domingo que todos los cristianos vivan intensamente el amor de Dios, para devolver la paz y la esperanza en el país.

En la homilía de fin de semana, la autoridad de la Iglesia recordó que la sociedad muy frecuentemente se extravía, porque no toma como punto de inflexión la palabra divina ni lo experimenta en su labor cotidiana.

El obispo corocoreño señaló que las personas tienen que entender que el servicio al prójimo tiene que estar acompañado de la fe en Cristo, como un vínculo espiritual permanente

“En un mundo en que la violencia parece imponerse, un mundo en el que estamos viendo a nivel internacional con cientos y cientos de muertos por guerras ideadas por el egoísmo del hombre. En una Bolivia en el que los medios de comunicación reflejan odio entre opositores, entre católicos y no católicos, tiene que nacer la esperanza, tiene que impregnarse el amor de Dios”, afirmó.

Recordó también que esta fe tiene que trascender en las familias, en l relación de pareja, en el trabajo y entre vecinos.

“Al interno de nuestras familias y matrimonios hay conflictos innecesarios por no vivir el amor de Cristo. Es un desafío para cada nosotros para que inyectemos en nuestra iglesia el amor de cristo. Para esto es importante recordar las diferencias entre el amor humano y divino”, afirmó.

Galván identificó diferencias marcadas entre lo que significa el amor de personas y el de Dios.

En el segundo manifestó que es la fe y que la oración es el paso necesario para experimentar el sentimiento de conexión con Dios que se amplía hasta más allá de la muerte.

“A veces creemos que dando es el amor divino. El amor de pareja, el amor de los novios y de la familia va acompañado de la relación con Dios. El amor de Dios es bello y grande. El amor humano es pasajero, efímero temporal, mientras tengamos buena voluntad dura ese amor. El amor divino es algo permanente y eterno”, agregó.

Mencionó también sobre el factor de la virtud teologal.

“Puede acabar todo pero el amor nos lleva hasta toda la vida. El amor divino es eterno”, concluyó.