Plagiarios

Solapas principales

Surazo

(*) Juan Jos茅 Toro Montoya

El Diccionario de la Lengua Espa帽ola (DLE) define 鈥減lagiario鈥 simplemente como adjetivo de la persona 鈥渜ue plagia鈥 y complementa la acepci贸n se帽alando que es el que 鈥渃opia obras ajenas鈥.

Como en otras miles de palabras, la Real Academia Espa帽ola es demasiado simplista en esta que define as铆, sin m谩s ni m谩s, a la persona que comete un delito que, a mi juicio, es muy grave: robo de la propiedad intelectual.

Para entender la gravedad del delito de 鈥減lagiar鈥 (鈥渃opiar en lo sustancial obras ajenas, d谩ndolas como propias鈥, DLE dixit) hay que sondear en su historia. As铆, se puede ver que, en el pasado, 鈥減lagiar鈥 significaba 鈥渦sar el esclavo ajeno reteni茅ndolo y us谩ndolo como si fuera propio鈥. Los romanos, que fueron quienes sistematizaron el Derecho, lo defin铆an como 鈥渃omprar a un hombre libre sabiendo que lo era y retenerlo en servidumbre鈥.

Exist铆a, entonces, el componente del valor econ贸mico. Lejos de la imagen que nos dan las pel铆culas, y algunas novelas contempor谩neas, hab铆a esclavos que eran personas cultas pues sus amos se ocupaban de darles instrucci贸n. As铆 se convert铆an en posesiones valiosas ya que hab铆a esclavos que desarrollaron las artes, otros que ten铆an habilidades manuales y los menos eran eruditos que incluso pod铆an desempe帽ar la funci贸n de maestros. Pero por encima de ellos estaba un valor m谩s importante: la libertad. Por eso, un liberto (鈥渆sclavo a quien se ha dado la libertad respecto de su patrono鈥, DLE dixit) era doblemente valioso: ten铆a conocimientos y/o habilidades y, adem谩s, hab铆a recuperado su libertad. Era la raz贸n por la que se consideraba que comprar un liberto era un delito muy grave.

Con el tiempo, 鈥減lagiar鈥 se convirti贸 en 鈥渟ecuestrar a alguien para obtener rescate por su libertad鈥, DLE dixit) y en la acci贸n consistente en copiar obras ajenas para presentarlas como propias; es decir, algo tan grave como comprar un liberto.

Antes del perfeccionamiento de la imprenta por parte de Gutenberg, los libros se copiaban a mano en una labor que generalmente realizaban monjes. Como la posibilidad de copiar obras ajenas, de esa forma, era muy grande, se confiaba en la 茅tica y moral de los religiosos.

Ya con la imprenta convertida en la gran difusora de la palabra escrita, los plagios comenzaron a hacerse frecuentes. Como los libros no ten铆an circulaci贸n mundial, era com煤n copiar trozos de la obra de alguien, o a veces toda la obra, y presentarla como si fuera propia.

Hoy en d铆a, pese a la globalizaci贸n y las Tecnolog铆as de la Informaci贸n y Comunicaci贸n, todav铆a existen plagiarios; es decir, personas que copian textos ajenos y los presentan como propios. Y lo hacen de manera muy sencilla: publican un libro en el que ponen la bibliograf铆a al final pero, a lo largo de sus p谩ginas, no detallan cu谩les son sus textos y cu谩les los que extraen de otras obras. As铆, est谩n presentando trabajo ajeno como suyo.

Y est谩 el otro tipo de plagiarios, los compiladores que, reuniendo trabajos de varios en uno solo, presentan la obra entera como si fueran ellos los autores; es decir, sin hacer notar que se trata de una compilaci贸n.

Se trata de gente que, al plagiar, est谩 robando propiedad intelectual ajena, vulnerando la Ley 1322 del 13 de abril de 1992 que resguarda el 鈥渄erecho de los autores sobre las obras del ingenio de car谩cter original, sean de 铆ndole literaria, art铆stica o cient铆fica鈥.

Es peor cuando el autor est谩 muerto. Es cuando los plagiarios le roban, como los hombres que, en el pasado, ca铆an sobre los libertos para quitarles su libertad y aprovecharse de sus conocimientos.

(*) Es Premio Nacional en Historia dle Periodismo