Sacrificios

Surazo

(*) Juan José Toro

La arqueología vuelve a poner en ridículo a la historia oficial. Esta vez en la costa norte del Perú, donde un día floreció la civilización Chimú, aquella que, según el cable que trajo esta noticia, desapareció tras ser conquistada por los incas en el año 1475.

En ese lugar fueron encontrados los restos de más de 140 niños y 200 llamas que fueron sacrificados y enterrados. La noticia dice que se trata del “más grande sacrificio masivo de niños en el mundo”, tanto que “obligaría a revisar la historia de sacrificios humanos” que, hasta ahora, había tenido a la civilización azteca como el mayor referente.

Pero la mayor evidencia de sacrificios entre los aztecas constituye el hallazgo de una tumba común de 42 niños sacrificados en Tenochtitlán, que ahora se queda chica frente a este hallazgo. El cable, que es de la Agencia France Press, agrega esto: “se han registrado incidentes de sacrificios humanos entre los aztecas, los mayas y los incas en las crónicas españolas de la era colonial y se han documentado en excavaciones científicas modernas”.

Y es que los sacrificios humanos eran muy comunes entre los pueblos prehispánicos, tanto como los que ocurrieron en tiempos pretéritos en los demás continentes. Todas las culturas tuvieron un pasado tribal en el que los excesos eran el denominador común. En el caso de Sudamérica, crónicas como la de Francisco López de Gómara hablan frecuentemente de “idolatría, borrachez, bailes, sodomía, sacrificio y comer de hombres”. No obstante, pese a la abundancia de indicios, nunca les hicimos demasiado caso porque, por una parte, las versiones venían de españoles, interesados en desprestigiar a los indios y justificar su explotación y, por otra, por el hecho de haber sublimado a esas culturas al extremo de creerlas limpias y puras, al nivel de los querubines de la mitología de los invasores.

Claro que hubo sacrificios humanos entre los pueblos prehispánicos. El detalle es que estos no se ejecutaban por maldad o cediendo al apetito de sangre, que es el que suele desatar las guerras. Respondían a una cosmovisión y una espiritualidad que todavía está pendiente de estudio.

En nuestros tiempos todavía se practica sacrificios humanos aunque estos no consisten en quitar la vida físicamente a otras personas en aras de las divinidades.

Lo que se hace ahora, en las regiones, es declarar huelgas indefinidas, bloquear caminos y aislarse del mundo con la curiosa idea de que así seestá causando algún efecto en el gobierno ante el cual se protesta o se plantea reivindicaciones.

Se trata de sacrificios porque, al prolongarse, estos bloqueos pueden dejar sin alimento a las familias y atentar contra algunos de los derechos más elementales como es el de la libre locomoción. Y son humanos porque las principales afectadas son las personas, no las que gobiernan el país sino quienes están, prácticamente prisioneras, en los cercos establecidos por los bloqueos.

Estos sacrificios fueron ejecutados en 2010 y 2015 en Potosí, donde hubo paros de 19 y 27 días, respectivamente, y tiene lugar actualmente en Chuquisaca que vive la paralización más larga de su historia. Es posible que se declare uno también en Santa Cruz, por razones parecidas a las de los chuquisaqueños.

Para los dirigentes, estos paros, estos sacrificios, son la única forma de hacerse atender con los gobiernos. Como en los tiempos tribales, en los que matar personas era normal, en su mente no cabe otro tipo de acciones, quizás más efectivas. 

 

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.