Iglesia y política

Los otros caminos

(*) Iván Castro Aruzamen

De la oposición o de oposición, valdría la pena decir algo constructivo, posiblemente, si ésta tuviera otro rostro. Pero la que hoy tenemos en Bolivia. Nada. Vive volcada sobre sí misma. Mira su ombligo como mujer embarazada a través del espejo. Le hace el juego a los intelectuales baratos de izquierdas. De oposición o de oficialismo, el querer ser presidente a penas dista un pasito de la porqueriza.

Ahora que todo el mundo quiere ser candidato de esto y de lo otro, a los ciudadanos de a pie solo nos queda mirar desde el libre mercado o el mercadeo y hasta el menudeo que se ha apoderado de nuestras calles. Pobre oposición y oficialismo, mierda corre por sus venas y, peor aún, mas parecen candidatos de piedra, ni puta idea de lo que es la política. Por esa razón, la política en nuestro país es obra de cerdos egoístas, sin generosidad alguna, pero con una obstinación obscena por el poder, única.

En fin, a pesar de que esta Iglesia nuestra, católica e universal, viene atravesando una ya larga crisis que, seguramente con un papa como Francisco, sabrá continuar su camino en la historia humana. Si queremos una Iglesia pobre para los pobres, como dice el papa, también es necesario políticos que den señales de pobreza en todo sentido y no ostentar lujos ante los pobres.

La Iglesia por medio de su magisterio social ha sido absolutamente clara. No quisiera nombrar al licenciado de cabellos de plata, quien arremete cuando se le antoja contra los miembros de la Iglesia, para recodarles que su único lugar es el púlpito. Nada más sesgado. Pues la Iglesia con Francisco está en salida. Y los clérigos deben oler a oveja. Y si las ovejas huelen política, sus pastores no pueden refugiar en los templos.

“Es una obligación para el cristiano implicarse en la política, pues la política es una de las formas más altas de la caridad”, ha dicho el papa. Por tanto, solo un ingenuo (os) político o intelectual barato de izquierdas puede atreverse a desconocer esta tan alta caridad a la que estamos llamados los cristianos.

Aunque sea en tono jocoso, podemos elevar nuestras oraciones para que políticos como Evo Morales o García Linera, el Señor los ilumine o sencillamente los “elimine”. No es caridad de ningún modo, aferrarse a suntuosos palacios u otras vanidades subjetivas en y a nombre del pueblo. Mucho menos es caridad y despojo, cuando se piensa tener la verdad. Pues como dice el poeta español, Antonio Machado: “¿Tú verdad? No, la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

Finalmente, si Francisco es el primer papa “peronista”, porque no sería posible en Bolivia que algunos obispos o sacerdotes defendieran la democracia, los derechos humanos, la justicia o ser demócratas pero no de oposición ni en oposición sino en contra de todo verticalismo, venga de donde venga y sea quien sea. Por tanto, la política como la más alta forma de la caridad, no puede realizarse al margen y en función de la cordialidad social y el bien común.

(*) Teólogo y filósofo