Desinformación y redes sociales en la política

Al punto

(*) Diego Rojas Castro

Las redes sociales se han convertido en una de las herramientas y espacios de mayor importancia para el intercambio de información y de ideas. Durante los últimos años la política ha sido uno de los terrenos que más cambios ha desarrollado desde que aparecieron redes sociales tales como Facebook y Twitter.

Estas dos últimas han tenido un gran impacto porque permiten una comunicación directa con personajes públicos. Enviar un tweet de forma pública a un político podría ponerlo en un dilema entre responder o evadir la pregunta, siendo esto último una mala opción al no aportarle credibilidad. Aún sin mucha experiencia, algunos políticos han sabido sacar provecho y aumentar los índices de aceptación en la población, otros por inexperiencia han sido el blanco perfecto para críticas, burlas y hasta bullying.

Pero no todo es color de rosa. Las redes sociales también han tenido un impacto negativo, pues, pueden usarse para divulgar cantidades alarmantes de desinformación, rumores y noticias falsas, lo cual podría influir poderosamente en la vida política de un país. Tal es el caso de las elecciones presidenciales que hubo en EE.UU. el 2016, o recientemente en las elecciones presidenciales de Brasil. Una encuesta halló que el 44% de los votantes en Brasil usa WhatsApp para leer información electoral o política, y en los días previos a la elección presidencial, la aplicación se usó intensamente para divulgar desinformación y rumores.

Para tratar de subsanar este problema, a la fecha hay 17 países para los cuales Facebook cuenta con verificadores externos de datos que intentan eliminar la desinformación publicada en la sección de noticias de Facebook. Es de suponer que mucha gente desconfía del trabajo de los verificadores, bajo la sospecha de que no son más que un esfuerzo vil para evitar que se sepa la verdad. A lo mejor sea por ese motivo que aquellos esfuerzos parecen haber provocado que las campañas sucias recurrieran a otros medios, en particular WhatsApp, donde se pueden tener conversaciones privadas y grupos de chat cifrados hasta de 256 personas.

Los grupos de WhatsApp son más difíciles de monitorear que la sección de Noticias de Facebook o los resultados de búsqueda de Google, ya que la aplicación brinda un servicio cifrado de extremo a extremo. Eso significa que solo el emisor y el remitente pueden ver el contenido de un mensaje, nadie más —ni siquiera WhatsApp ni Facebook— puede hacerlo. Eso hace imposible determinar la verdadera cantidad de noticias falsas. Los verificadores de datos no pueden desmentir fraudes y datos incorrectos virales que no pueden ver.

Es difícil establecer hasta qué nivel estas campañas de desinformación están asociadas con partidos políticos, “guerreros digitales” o candidatos, pero sus tácticas son evidentes: se basan en una estrategia combinada de pirámide y redes en la que los creadores generan contenido malicioso y lo envían a activistas locales y regionales, que después comunican la información a muchísimos grupos públicos y privados. Desde ahí, los mensajes se diseminan aún más cuando las personas crédulas los comparten con sus propios contactos.

Es importante evitar caer en la desinformación con las que se nos bombardea en redes sociales. Antes que nada, verificar que la fuente sea fiable; en el caso de Twitter, por ejemplo, es necesario mirar si son cuentas verificadas, debemos mirar quién está dando la noticia. En redes como Facebook es más complicado porque normalmente vienen de nuestro círculo de amigos, pero en el momento de leer la noticia hay que ver si está publicada en un medio sólido y con trayectoria. En la era de las redes sociales, son los usuarios los que tienen la responsabilidad de compartir noticias fiables.

(*) Ingeniero y docente universitario.