Xenofilia en el fútbol boliviano

Mis circunstancias

(*) José Moisés Revollo

En el programa semanal de SC hablamos por enésima vez sobre la crisis del fútbol boliviano y atendiendo sugerencias por las redes, intentamos sacar propuestas de soluciones, dejando las lamentaciones.

Hubo coincidencia plena en que el Estado debe intervenir en el problema, rebajando la enorme carga impositiva, aplicando la ley dormida del deporte, otorgando terrenos para Escuelas de fútbol supervisadas, promoviendo la capacitación de dirigentes, entrenadores, árbitros y también periodistas deportivos.

No hubo tiempo para opinar, sobre la polémica designación de César Farías, como técnico de la Selección Nacional, por los varios incidentes protagonizados desde 2016 que no puede controlar su temperamento irascible.

Salinas que cumplió su sueño de presidir la federación, comprando los votos de las Asociaciones y algunos clubes profesionales, desde el principio hizo notar su afán de contratar al entrenador de Strongest.

Soria le facilitó el camino renunciando al cargo. El flamante presidente, no tardó nada en entregar la Selección al venezolano, sin importarle la incompatibilidad criticada ni la opinión de los integrantes del Comité Ejecutivo.

No guardó ni respetó las formas, fomentando que Farías dirija simultáneamente a su equipo atigrado y la Selección. Por si fuera poco, también permitió que el hermano de su favorito dirija un partido amistoso de la Selección. Nada extraña, porque puso a cargo del Club atigrado a su sobrino.

Se queja de la campaña negativa que le hacen especialmente en Santa Cruz, pero proyecta imponer como vicepresidente a un destroyano, para pagar el voto que lo empoderó en la federación que tanto ansiaba.

No se precisa clarividencia para pronosticar que lo de Farías, con sus antecedentes, la relación terminará mal y con mucha plata gastada al fósforo, cuando en Bolivia existen iguales o mejores entrenadores, como Eduardo Villegas, Julio César Baldivieso, Mauricio Soria, Víctor Hugo Antelo, con amplia y reconocida trayectoria deportiva, y si la xenofilia salinista desea siempre un extranjero, ahí está Roberto Mosquera.

Podemos opinar miles, pero uno solo, decide el destino maltrecho del fútbol boliviano, tan venido a menos. Urge que los exfutbolistas se hagan cargo algún momento, para enderezar el rumbo.