Melchor y Cecilio

Surazo

(*) Juan José Toro

Toca llorar por la leche que está en el suelo, aunque yo no la haya derramado.

La presentación del nuevo billete de 50 Bolivianos marca el inicio de la despedida de Melchor Pérez de Holguín de los bolsillos de nuestra gente.

Sé que el diseño de los billetes debe cambiarse periódicamente por razones de seguridad pero la razón no alcanza para el consuelo. Pérez de Holguín es, de lejos, la figura más importante de la pintura virreinal americana y desarrolló su arte en Potosí.

Es muy publicitado pero ha sido poco estudiado. Por estos días, la investigadora Laura Leaño sacó a la luz dos monumentales cuadros del artista que están atesorados en el museo de San Francisco. Uno es “El juicio final” y otro “El triunfo de la Iglesia”. En el primero, el autor vuelve a retratarse y, al igual que en la “Entrada del Virrey Morcillo a Potosí”, también hay personas de las que las palabras salen de sus bocas, en un claro anticipo de lo que hoy conocemos como comics o historietas.

Otro que se irá con el cambio de billetes es Cecilio Guzmán de Rojas, que todavía está en el anterior diseño de los de 10 Bolivianos. Este es contemporáneo, republicano y reivindicador del indio. Su vida fue corta pero marcó hitos en la historia boliviana.

Fue, como Melchor, un testigo de su tiempo y puso a la historia en sus pinturas, especialmente en su serie de cuadros sobre la Guerra del Chaco a la que marchó como ilustrador. Su genio impresionó en Europa y sigue cautivando a los especialistas que admiten que no se lo puede estudiar en poco tiempo.

Amparo Miranda, que tiene un Premio Nacional en Gestión Cultural, es una de las personas que se empeña en preservar su legado aunque no siempre los resultados la acompañan. El 24 de octubre se conmemorará otro aniversario de su nacimiento pero la fecha es también el Día de la Bandera Potosina así que sus paisanos vuelcan su atención al símbolo.

Lamento más la partida de estos dos que la de los otros personajes representados en la última familia de billetes republicanos. No es por cuestión regional sino por todo lo que significaron, y significan, estos dos pintores.

No se trata de hacer comparaciones o de lanzar críticas con dobles intenciones. Lo que pretendo, simplemente, es dejar sentados hechos que, por ser tales, no admiten réplica. Todos los personajes de la nueva familia de billetes tienen importancia y peso específico pero no se puede concebir a

la historia de la pintura boliviana, y quizás sudamericana, sin las señeras figuras de Melchor Pérez de Holguín y Cecilio Guzmán de Rojas.

 

(*) Premio Nacional en Historia del Periodismo.