Política y cultura

Surazo

(*) Juan José Toro

La promulgación de la Ley de Organizaciones Políticas y el anuncio de candidaturas adelantaron el inicio de la campaña electoral en la que la gran perdedora es la cultura.

Mientras la mayoría esté ocupada comentando las noticias al respecto, sazonadas con acusaciones y contraacusaciones, los medios les darán grandes espacios a la política y reducirán la cultura a espacios marginales, casi de relleno.

Esa actitud explica lo que pasa con Potosí que, pese a todos sus antecedentes, ha retrocedido en muchas manifestaciones culturales, fundamentalmente la literatura.

Si hacemos un mapa de la Bolivia literaria, encontraremos que ocho de los nueve Departamentos de Bolivia tienen sus representantes. El único ausente es Potosí.

¿Qué pudo haber pasado para que la ciudad que fuera el foro de grandes literatos como Bartolomé Arzáns, Diego Mexía de Fernangil o fray Diego de Ocaña se haya replegado tanto?

Casualidad o no, el declive de la literatura potosina coincide con el cierre de la Editorial Potosí, el otro gran emprendimiento de Armando Alba.

Mientras duró, la Editorial Potosí publicó muchas de las obras capitulares de la literatura potosina pero tuvo corta duración. Mientras la Casa de Moneda, que la albergaba, sobrevivía al paso de los años, la editorial apenas duró unos años sin su impulsor. Cerró sin pena y con gloria.

A partir de entonces, los autores potosinos perdieron su vitrina al país y no supieron donde más publicar. La literatura descendió a su mínima expresión.

Hace unos días, en un acto de premiación realizado en el Museo Nacional de Arte, expuse esta realidad a cuatro de los sietes integrantes del Consejo de Administración de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. Aprovechando que eran mayoría, les pedí que repongan la Editorial Potosí. No me respondieron.

Desde hace meses, intento, infructuosamente, que alguna autoridad sin criterios mezquinos recoja la propuesta de abrir una editorial pública en Potosí. La respuesta es el silencio, cuando no la inacción.

Mientras eso ocurre, el talento potosino se abre paso sin apoyo del Estado. Las letras de Eliana Soza aparecen en “Letras itinerantes”, una antología colombiana, mientras que una obra de Óscar Ordóñez es anunciada para presentarse en Perú, Ecuador y Colombia.

¿Cuánto invierte el Estado? ¡Nada! A nuestros políticos les interesan más los actos de masas, aquellos que representan votos. El problema es que, mientras ellos coquetean con el electorado, la literatura se muerte… y la pintura… y la música… y la escultura.

La falla, empero, no está en el nivel central del Estado. La muestra de ello es que la Vicepresidencia ha acometido el proyecto editorial más ambicioso de nuestra historia con la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia. Por tanto, el problema está en los gobiernos departamentales y municipales.

Si ninguno de estos niveles de gobierno hace algo por rescatar la literatura potosina, junto a las demás artes, habrá un tiempo en el que la historia los juzgue. Y la historia, aquella que es desarrollada de manera científica, no se somete a sobornos ni a presiones políticas.

 

(*) Premio Nacional en Historia del Periodismo.