Santiago de Cotagaita

Sabino

(*) Joel Moya

Después de terminada nuestra actividad médico quirúrgica al retorno de Cotagaita en el extremos sur de la patria, de pronto van quedando en la mente gratísimos recuerdos.

Este vallecito tan preciado por propios, inspira tantas cosas, su gente tan amigable, el encanto de la naturaleza, el trino de las aves sobre los molles, las noches bohemias, la salida del sol sobre los cerros colorados y los ríos cantarines, para citar algunos ejemplos de lo que significa una vida sencilla y apasionada sobre esta sureña tierra.    

Durante el viaje al ver cómo cambia el paisaje al subir al altiplano, simultáneamente aparecen y desaparecen los recuerdos.

La despedida fue un bálsamo entre la realidad y los sentimientos, el Sr. Alcalde en un sentido discurso llegó a emocionarse por los resultados obtenidos.

Los ciegos han vuelto a ver fue, entre muchas palabras, una frase que resaltó como destellos en la obscuridad.

Entre esas emociones que invitaban a que broten lágrimas de gozo, sentí el poder de la gratitud de mis pacientes en un abrazo sostenido. Uno de ellos, quien pese a estar herido de la cadera, en voz fuerte dijo: “Gracias doctor estoy viendo, que Dios te bendiga”. Muy cerca estaba Edmy, una enfermera de muchísima experiencia en cirugías, quien observando la escena emocionada a decir un par de palabras antes de romperse en un llanto emotivo.

Salir de Cotagaita es salir de un sueño, donde las imágenes no pintan tecnología, ni edificios gigantes. Muestran árboles altos, sauces llorones, ríos plateados que se desbordan en sus arenales, con tiempos que se detienen en el calendario.

 Cotagaita es una población rural que tiene en una plaza, un pequeño cañón como trofeo en homenaje y recuerdo de la primera y última batalla por la independencia de Bolivia. Caminar por sus calles es como sentir los pasos de los valientes que conquistaron la libertad de la Patria de la corona española.

Es respirar profundamente con el tropel y el relincho de caballos, corriendo al ritmo de la boca de los cañones y del cruces de las espadas que se golpean una contra las otras, al ritmo de los Padilla, de los Catari, de yamparas y los valerosos chichas.

En ese lugar es donde se llevó a cabo la batalla de “TUMUSLA”, Y qué casualidad, nosotros la admiramos volviendo de la última escaramuza de un guerra desigual CONTRA LA CEGUERA Y LA POBREZA, a los pies del gran Chrolque.

                                                       SABINO

(*) Director Instituto Nacional de Oftalmología