Vigilia por el aniversario de Cochabamba

Mis circunstancias

(*) José Moisés Revollo

Me impactó hasta los tuétanos, la columna sobre Cochabamba del prestigioso filósofo y sociólogo Carlos F. Toranzos, que crudamente, pero con cariño, advierte que la Llajta padece un cáncer curable que precisa atención urgente de sus hijos, porque se la nota agotada, sojuzgada, robada y sin alma, a lo que añadiría…sin autoridades creíbles.

La magnitud de la descomposición que padece, principalmente la ciudad, precisa de la reflexión de cada uno de los ciudadanos, nacidos o no en esta tierra, dejando la indiferencia que alienta el surgimiento de impostores, que uno tras otro, decepcionaron a los que solo votan.

Existe una crisis de confianza tal, que hasta se duda de la transparencia en la organización y gastos de festejos por el aniversario departamental, porque los funcionarios de hoy parecen ver negocios en cualquier trámite.

Ante la pasividad y hasta complicidad de autoridades y casi todos nosotros, se falta al respeto y suprime a Cochabamba, como cuando se inauguró el estadio en el Trópico contratando equipos de La Paz, desdeñando al vigente campeón del fútbol profesional. 

Los seleccionados del 93 festejarán 25 años de la clasificación, en La Paz y Santa Cruz, pero no en Cochabamba de donde son siete mundialistas. 

Para rematar, el entrenador interino de la Selección Nacional, César Farías, relega a los jugadores de Wilstermann, y los que deben reclamar no dicen nada.

Se sigue emitiendo la propaganda de la millonaria inversión en escenarios deportivos para los Juegos Suramericanos, pero 97 días después es inexplicable que sigan cerrados para deportistas y aficionados.

Angustia tanto gasto, mientras problemas de la basura, el transporte y agua para el sur siguen postergados sin fecha de solución. Más todavía lastima la desenfrenada corrupción y traición de jóvenes que jugaron a la política, buscando beneficios ilícitos.

La ausencia de liderazgo en instituciones debe incentivar el surgimiento de nuevos referentes, recuperando los mejores valores entre la nueva generación, para lo que la orientación familiar es importante.

Se debe incentivar el amor a la tierra donde nacimos o elegimos vivir, para superar la mala noche de Cochabamba. Es posible, con voluntad y participación de todos, que al ser bolivianos tenemos la obligación moral de recuperar el corazón de Bolivia.

(*) Periodista