Quirquincho y el Doctor Ojitos

Sabino

(*) Joel Moya 

QUIRQUINCHO vivía en un mundo subterráneo, debajo de la tierra y debajo la tierra donde casi no hay luz, solo se puede ver y sentir tierra, piedras, raíces y otros bichos.

Su prima NAYRA, saliendo un poco de su túnel, se durmió. Cuando despertó era CHARANGO.

La hicieron cantar hasta el cansancio, la dejaron sobre el piso; luego ella, como pudo, se paro y logró escapar.

Un buen día, QUIRQUINCHO entró en un túnel que terminó en un agujero, cayendo en un monte de arena.

Como no podía usar la visión, porque nunca tenía abiertos los ojos, empezó a usar sus otros cuatro sentidos.

Con el Olfato, sintió muchas fragancias nuevas y diferentes. Con la audición, escuchó muchas personas hablando, riendo, cantando.

Con el Tacto, el quirquincho sintió arena a su alrededor y con el paladar experimentó un pedazo de taya de oca que un LOCOTITO travieso le ofreció.

Al sentirse cómodo y  gustar de todo ello, el quirquincho pregunto: Esto está muy rico, muchas gracias. ¿Qué lugar es este?. Esto es una escuela, respondió LOCOTITO.

QUIRQUINCHO quiso ser parte de este mundo y en poco tiempo él estaba matriculado y sentado en la primera banca de la clase.

Ya en clases, se dio cuenta que otros alumnos veían cosas que él no podía ver, como los detalles escritos en el pizarrón que tenían en frente, o algunos cuadros en las paredes y libros que estaban a disposición.

El pequeño quirquincho fue quedando avergonzado  por esta limitación. Solo podía  escuchar lo que la dulce profesora decía. Él quedo triste.

En el recreo se escondió y con desesperación empezó a cavar un agujero, cuando estaba a punto de huir una mano firme le agarró.  

Era la dulce profesora que al sujetarlo comento: Yo sé cuál es su problema. Y ese problema tiene una solución.

El quirquincho quedo confundido. Más dejó que la profesora lo llevara de la mano hasta un lugar muy iluminado, limpio, donde una señora vestida de blanco le hizo varias preguntas, le controló el peso y la estatura, hizo revisiones del corazón, pulmones, boca, garganta y orejas y no se salvó ni el ombligo de ser observado.

 Terminó el examen y anunció: Podemos llamar al Dr. OJITOS.

Luego el Médico especialista examinó los ojos a QUIRQUINCHO. Al finalizar comento: “Voy a recomendar un par de lentes para ti”.

 Entonces habló la profesora: “Como te dije quirquincho, tu problema, tiene solución".

En aquella tarde la vida del joven quirquincho cambió, el Dr. Ojitos colocó los lentes en el pequeño.

Inmediatamente, QUIRQUINCHO, se acercó a una ventana de la enfermería de la escuela, abrió los ojos despacio y casi se desploma de tanto espanto y alegría.

Era el mundo de colorido, lleno de formas además que bonito.

Al apreciar esta escena, el Dr. Ojitos comento:

“Es de conocimiento general el valor incalculable que tiene la vista, en todo ser viviente. Es a través de éste sentido que el ser humano toma conocimiento del mundo físico increíblemente complejo que le rodea.

Este preciado don que tiene en los ojos su máxima expresión, permite al hombre:

- Desarrollarse con integridad.

- Realizar el 95% de su actividad normal.

- Marcar su horizonte en lo infinito y en lo microscópico la inmensidad.

- Deleitarse en los diferentes colores y matices.

- Por su binocularidad gozar de una visión estereoscópica y visión de profundidad.

Estos actos le permiten, al ser humano,  apreciar la naturaleza que les rodea en su real perspectiva de forma, tamaño, distancia, peso, dureza y consistencia.

Por las vías de este sentido transitan y se impactan luz, verdad y sentimiento, elementos indispensables de lo más glorioso del hombre: la inteligencia.

Es así como se logra captar la belleza y sus contrastes y con facilidad adaptarse, protegerse, gozar y disfrutar de este mundo.

 QURQUINCHO encontró que sus ojos son muy preciados para el diario vivir. Entonces, se dio cuenta que necesitaba hacer muchas preguntas. Lo hizo y el recibió buenas respuestas

Sabino

(*) Director Instituto Nacional de Oftalmología