Nubarrones del ave fénix rojo

Mis circunstancias

(*) José Moisés Revollo

Como todos los grandes del fútbol, Wilstermann es un ave fénix a lo largo de su historia, que muere y resucita repetidamente, enraizado en los corazones de miles de seguidores, sin exagerar, a lo largo y ancho del mundo.

Es una marca, es un sentimiento, es motivo de alegría, tristeza y bronca, es propio y muy ajeno a cualquier voluntad o deseo de aficionados que solo apoyan, con el boleto, pero están lejos de las decisiones de un directorio o de la presidencia, a veces, omnímoda.

Si se podría retroceder en el tiempo, seguramente Thiago no realizaría el cambio apresurado y Chávez no haría ese reclamo airado que provocó otra desafortunada reacción del ayudante que es uno de los símbolos del aviador. Hoy se lamenta la pérdida de trabajo y dura suspensión de 4 partidos para ambos que no midieron las consecuencias y en realidad merecían sanciones del mismo club.

Lo acontecido después del incidente, dividió las opiniones de los seguidores de Wilstermann, apoyando o censurando a los involucrados, mientras se esfuman los sueños de bicampeonato, en medio de nubarrones que enrarecen el ambiente interno.

Alvaro Peña, con un cambio visible de actitud, tras la obtención del título que fue mérito de dirigentes, jugadores, cuerpo técnico, el apoyo incondicional de seguidores y una buena dosis de suerte, no resultó ileso en la confrontación y como principal responsable del equipo, por otros hechos que no trascienden, será difícil que siga en la banca roja, finalizado el torneo clausura.

Lamentable la falta de continuidad de jugadores en este y otros equipos que repercute en el bajo nivel de los últimos años, cuando lo ideal sería que la base de un plantel permanezca mínimo dos años.

Es triste y vergonzoso que hoy no juegue un solo cochabambino en el equipo titular de Wilstermann y que las figuras en proyección, vean pasar los años sin tener la oportunidad. Pero el equipo actual, sin la magia anterior sigue arañando resultados, como frente a Guabirá ayer.

El remezón que ocasionó la eliminación de la Copa Sudamericana obliga a la dirigencia  a comenzar a diseñar con tiempo, cambios para la Copa Libertadores 2019 tanto en la conducción como en jugadores. Hasta se habla de un tal Palermo.

Sin timón a la vista, el fútbol sigue a la deriva.

(*) Periodista