Criptas

Surazo

(*) Juan José Toro Montoya

La revista “Ecos” publicó el último domingo un artículo sobre el subsuelo de Sucre; es decir, aquellas versiones que hablan sobre la existencia de criptas y catacumbas en el centro histórico de la capital del Estado.

La posición de la Iglesia sobre el particular es invariable: se niega la existencia de infraestructuras subterráneas con excepción de las criptas de algunos templos y se cita como ejemplo al de San Francisco.

Hasta hace poco, las mismas versiones circulaban en Potosí pero la Iglesia se apresuraba en desmentirlas. Cuanto más, solo se admitía la existencia de criptas; es decir, espacios subterráneos para sepultar a los difuntos pero en un espacio limitado. Lo que se negó siempre fue la existencia de catacumbas; es decir, lo que el Diccionario de la Lengua Española define como “subterráneos en los cuales los primitivos cristianos, especialmente en Roma, enterraban a sus muertos y practicaban las ceremonias del culto”.

En el caso de Potosí, las criptas no solo servían para enterrar a los religiosos de las diferentes órdenes sino también a los laicos por el hecho de que la Villa Imperial no tuvo un cementerio sino hasta la época republicana. En los períodos anteriores, los difuntos eran sepultados ya sea en fosas comunes de los espacios abiertos de los templos o en las criptas, dependiendo de su importancia y su poderío económico.

Al igual que en Sucre, la versión popular decía que estas criptas estaban intercomunicadas entre sí en una suerte de red subterránea de pasadizos que la mayoría de la gente llamaba “catacumbas”. Durante un tiempo, eso fue considerado una leyenda urbana pese a los reportes periódicos de hallazgos de criptas como, por ejemplo, las del templo de San Agustín. Aunque la evidencia de los hallazgos apuntaba a ello, la Iglesia niega, hasta hoy, la existencia de criptas interconectadas.

Sin embargo, las cosas cambiaron cuando la actual administración municipal, encabezada por el alcalde Williams Cervantes, no solo admitió oficialmente la existencia de criptas interconectadas entre varios templos del centro histórico de Potosí sino que anunció un proyecto para habilitarlas como espacios turísticos.

Es más… la primera fase de este proyecto, que consistirá en la recreación de criptas en el subsuelo de la calle Junín, justo donde comienza esta, comenzará a ejecutarse en breve y pretende ser una muestra de lo que se podría hacer si se consigue financiamiento para la rehabilitación de las demás.

Es un paso audaz hacia un turismo que todavía no se aprovecha en el país, el funerario.

Adscrito al turismo cultural, el turismo funerario se basa en el interés que tienen las personas en visitar las tumbas de personajes famosos, sean históricos o de leyenda. Los primeros lugares para ello son, lógicamente, los cementerios y algunos son más famosos por su arquitectura que por los restos que albergan.

Pero existen también tumbas como las de los reyes de Judá, en Jerusalén Este, la cripta real del monasterio del Escorial o la supuesta tumba de Drácula, que unos ubican en Nápoles y otros en Snagov, Rumanía.

Además de criptas, Potosí tiene una larga lista de nobles sepultados en los templos del centro histórico porque así lo ameritan sus partidas de entierro. En otro artículo publicado en “Ecos”, Álvaro Erick Bejarano menciona, como ejemplos, a los condes de Carma y de la Casa Real de Moneda, a los marqueses de Otavi y al último gobernador de Potosí, Francisco de Paula Sanz, de quien se dice pudo ser hijo de Carlos III; es decir, príncipe por nacimiento. Estos constituyen un atractivo que la Villa Imperial todavía no aprovecha.

(*) Premio Nacional en Historia del Periodismo